De tal mando tal astilla

De tal mando tal astilla
De tal mando tal astilla

Ser jefe es como ser padre. Así que, si te ha tocado dirigir un equipo, bienvenido a un nuevo paradigma.  

Con esto no quiero decir que empieces a ver a tus empleados como niños (aunque algunos lo parezcan), si no que debes ser consciente de la gran responsabilidad que se te ha otorgado. A partir de ese momento te convertirás en el referente de un grupo de gente. Serás su guía, su apoyo, su maestro, su modelo a seguir.  

Para empezar, como todo progenitor debes cubrir las necesidades básicas de las personas a tu cargo.  

Tienes que velar por su seguridad, asegurarte de que el entorno de trabajo sigue las normas de prevención, que ellos tienen claros los procedimientos y saben qué se puede hacer y qué no en materia de protección; así como reprender cualquier conducta temeraria.  

Has de alimentarles y educarles. Ya hablamos de la importancia de la formación. Debes hacerlos independientes y también darles responsabilidades.

«A los actores lo que hay es que alimentarles. Hay que darles el máximo de información, de toda la ayuda que les puedas aportar. La forma con la que yo trabajo con ellos es dejarles su espacio (…). Para que… se equivoque si es necesario. Les digo: “Equivócate, no pasa nada, haremos otra toma”. Para que pruebe cosas. Y para probar es necesario toda esa información.»

J.A. Bayona

Asume que habrá errores y que no harán las cosas tan bien como si las hicieras tú, pero, ni puedes llegar a hacer tú todo, ni puedes anularlos y tratarlos como simples títeres. Tu negocio será más eficiente cuanta más gente tengas trabajando de manera autónoma. 

Igual que para un padre o madre, ver desarrollarse a las personas de las que somos responsables debe ser un orgullo.  

Enséñales para que puedan afrontar lo que les venga. Dales herramientas, pero que sepan que te tienen a su lado. 

Si hace falta, dales un empujoncito para que se motiven. Sobre todo, cuando están empezando. Échales una mano en una venta, por ejemplo, para que vean que sí se puede. Enséñale alguno de tus trucos y estate presente mientras lo ponen en práctica.  

En mi experiencia, uno de los equipos que me tocó dirigir tenía comisiones por ventas, y de hecho su nivel en éstas determinaba si conservaban o no el puesto de trabajo. A menudo me colocaba en un ordenador cerca de donde estaban atendiendo para escuchar su discurso con los clientes. Si veía que en algún punto el cliente dudaba, intervenía en la conversación para reforzar el mensaje del vendedor. Si además la persona era nueva, cerrar una venta le ayudaba a ganar confianza. Y al escucharles de cerca también podía, más adelante, sugerir algunos cambios en su dialéctica.

Celebra los logros de tu gente. Haz un seguimiento, diles cómo van, lo poco que les falta para conseguir sus objetivos. Y que sepan cuáles son éstos desde el principio.  

Tienes que dejarles claro lo que esperas de ellos. Si las instrucciones o metas son confusas es posible que no alcancen el resultado que esperas. Y lo peor es que habrán trabajado en vano y se frustrarán o enfadarán porque de haberlo sabido quizás habrían actuado diferente.  

Hazles entender también que, aunque tengan objetivos individuales, todos viajamos en el mismo barco. No vale decir “el agujero está de tu lado”. Si entra agua, nos hundimos todos. 

Fuente: lindekin.com

Escúchales. Es muy importante la comunicación. Cuando haya un conflicto entre dos o más personas, escúchalos a todos y su versión de los hechos. Si los conoces bien, después de sus argumentos, tendrás más claro cómo ha sucedido todo en realidad. 

Además, no eres omnipresente, no puedes controlar cada rincón, y para eso los tienes a ellos. Si no escuchas lo que tienen que decir estás ciego en cuando a tu empresa. Ellos son tus ojos y tus oídos con clientes y empleados. Y tienen que sentir que su opinión también importa.

Debes ser neutral. Si hablan mal de un compañero, solo escucha y no seas partícipe de la crítica. No debes fomentar corrillos o manías en contra de alguien en concreto. Por mucho que seas consciente de que hay una persona especialmente conflictiva.

Aunque tengas un favorito no debe notarse. Debes ser justo y adaptarte a cada persona, conocerlos, y saber qué le puedes demandar a cada uno.  

Es posible que puedas exigir más a alguno en concreto, porque sepas que tiene más potencial. Pero debes evitar que sufra el ‘Síndrome de la hija mayor‘ y se desanime creyendo que trabaja más que sus compañeros. Reconoce siempre el esfuerzo y explica las razones de tus peticiones.  

Tienes que intentar que se lleven bien y que se comuniquen, aunque luego puedas regañarle a cada uno por separado. De hecho, si has de reprender a alguno, no lo hagas nunca en público.  

Si vas a felicitarlos sí puedes hacerlo delante de los demás, así reforzarás los buenos comportamientos.

«Los niños y los adultos necesitan límites, un ambiente donde haya normas establecidas y personas a las que se considere responsables. (…) No le hacemos ningún favor a nadie llevando hogares o departamentos indisciplinados. Un líder no debe nunca conformarse con la mediocridad, o con la chapuza: la gente necesita que se la anime a llegar a ser lo mejor posible.» 

(James C. Hunter – La paradoja)

No dirijas con el miedo, eso no va a ninguna parte, porque además, no se comunicarán contigo.  

Nunca grites o les faltes al respeto. Si alguna vez te pones nervioso y levantas la voz más de lo que deberías, discúlpate y explícales por qué te molesta tanto. Pero preocúpate por tu actitud si tienes que disculparte muy a menudo. Y ninguna actuación de tu equipo, por muy grave que sea justifica nunca una falta de respeto.  

Haz que se sientan cómodos hablando de sus errores, pero que sepan que tienen que asumir las consecuencias. Hazles conscientes de la gravedad del error en la medida en la que proceda. Si es muy grave házselo saber: «esto puede hacer que perdamos un 10% en el valor de las acciones.» Y también si no es tan grave: «Vale, el cliente se ha enfadado, no es tan grave, pero no puede volver a pasar.» 

Refuerza la sensación de familia, hazles colaborar en algo juntos. Dicen que las situaciones adversas unen a las personas. Tampoco es necesario hacerles pasar por una guerra, pero un inventario puede ser una buena ocasión.  

Según el tipo de empresa, un inventario puede ser una de las tareas más duras que hay. Y todos deben trabajar juntos para conseguir un buen resultado. Si es de esos en los que tienes que pasar largas horas de la noche, unos bocadillos en la madrugada o un buen café al acabar el inventario, puede ayudar a conectar mucho más que una cena de empresa.

Fomenta el espíritu de equipo, busca un enemigo común si hace falta. «Nuestro disfraz de Halloween debe ser mejor que el de la sección de al lado.»

Predica con el ejemplo. Y esto vale para cualquier cosa. Si ven que te preocupas por ellos, te seguirán; si eres currante, ellos no tendrán excusa; si eres honesto podrás exigirles lo mismo. No permitas que hagan trampas de ningún tipo, ni las hagas tú. Si ven que juegas sucio para conseguir los objetivos, ellos verán una vía libre para hacer lo mismo. Perderás el control y la influencia sobre tu equipo.

«Cuando asume la responsabilidad de enseñar, también asume la responsabilidad de dar ejemplo.»

(11.22.63 – Miniserie T1 Ep4)

Otro aspecto muy importante es la coherencia. Si no eres coherente con tus palabras y con tus actos, no tendrás su confianza y su respeto.  Si no te respetan, no creerán en tus discursos ni en tus decisiones.

Si sois dos jefes para un departamento o sección, pero venís en turnos diferentes, debe haber una gran comunicación entre vosotros. Debéis ser como papá y mamá. Poneros de acuerdo y unificar los mensajes, para no volverlos locos, o que ellos se aprovechen de esa debilidad.

Por último, ten siempre presente que por buen jefe que seas, por muy bien que lo hagas, siempre serás ‘El Jefe’. Debes quitarte de la cabeza que serás un colega más. Estás ahí para algo más importante: ayudarles a crecer.  

Hagas lo que hagas, siempre habrá algo que te deje como ‘el malo’, pero no importa mientras ellos permanezcan unidos. Alguna vez te criticarán, o no estarán de acuerdo con lo que dices, pero igual que con los hijos, buscas lo mejor para ellos, los guías hasta que pueden volar solos. Y cuando tengan su propio equipo serán ellos los que tomen las decisiones. Mientras, te toca a ti.

Taylor Sastre.

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