Unas botas con un fusil

Unas botas con un fusil
Unas botas con un fusil

Cuando empiezas en un trabajo nuevo ¿te sientes un recluta novato?

La formación en el trabajo es esencial. Sin ella, es como ir a la guerra sin munición.

Al comienzo de la película ‘Sin novedad en el frente’ (All quiet on the western front) de 2022, se ve como un grupo de personas van separando uno a uno los cadáveres de una gran pila. Le sacan a cada uno la ropa y los zapatos. Estos llegan en grandes bolsas a un lugar donde son lavados, remendados y planchados para repartir de nuevo entre jóvenes soldados recién alistados a los cuales les espera un destino parecido a los anteriores dueños de esas vestimentas. Los novatos escuchan con ilusión los discursos que les dicen que ellos son el futuro y gracias a ellos ganarán la guerra.

Durante el primer día, el teniente le dice a uno de los chicos: «Franz Müller, ¿verdad? El alto mando espera que sobreviva al menos seis semanas.» 

Y en la primera noche, desde su trinchera uno de los jóvenes dispara al creer oír a alguien, y recibe de vuelta un disparo en el casco que casi lo mata. Un compañero más veterano se acerca y le dice: «Han visto vuestro fogonazo. Debéis agachar la cabeza. Disparad y moveos. Disparad y moveos. ¿Entendido?».

Ya hacia el final de la película, dos soldados discuten sobre el sinsentido de la guerra y uno termina diciendo: «Pero ¿qué sabré yo? Si yo no sé nada. Solo soy unas botas con un fusil.»  

Este mismo es el sentimiento de muchos empleados cuando llegan a un trabajo nuevo. Llegan con ilusión a un terreno desconocido, y la mayoría de las veces no reciben apenas instrucciones. Nuestro deber es formarles para que no mueran la primera noche y puedan durar más de seis semanas, y para que nuestro esfuerzo de formación merezca la pena.

En economía existen los conceptos de Curva de aprendizaje y Curva de experiencia, que normalmente se utilizaban para la medición de tiempos en cuanto a procesos repetitivos o el uso de maquinaria. La idea fundamental es poner de manifiesto con estas gráficas, que cuantas más repeticiones hagamos de una tarea más eficientes seremos en ella. En el caso de “tecnologías blandas”, donde es más importante el conocimiento que la actividad física, es posible transferir parte de la experiencia y comenzar la curva en un nivel de productividad más alta desde el primer día.  

  

Esto se puede utilizar para cualquier puesto de trabajo. Algunos necesitarán más formación por parte de la empresa y en otros menos. Algunos estaréis pensando: «pues contrato a alguien que ya sepa, para no tener que formarle». Bien, pero siempre habrá cosas que no podrá saber, empezando por los procedimientos de la empresa. Cada una es diferente.  

Aunque ya hayas sido vendedor, el sistema de devoluciones o reclamaciones puede ser diferente según la tienda. Aunque se te de muy bien hacer cafés, no es el mismo un cortado en Galicia que un cortado en Cataluña. Aunque hayas hecho cientos de pedidos o inventarios, cada empresa tiene un sistema diferente. Y así con todo.

«…cuanto más rápidamente aprenda, antes será capaz de mejorar.»  

(Josh Kaufman – MBA personal)

Con formación, la curva de aprendizaje será más pronunciada. Se cometerán menos errores, que cuestan dinero.  

Además, sabrás quién le pone ganas y quién no. El que se conozca bien la formación, verás que se implica. El que sigue cometiendo errores que ya están descritos, es que no tiene interés. Esto es muy útil cuando su periodo de prueba es corto y tienes poco tiempo para decidir si alguien se queda o no.  

Cuando llegue el momento de renovarle o no, no servirá como excusa que “todavía se está adaptando”. Ese proceso será más corto. Y así podréis ver, tanto tú como el empleado, si encaja en ese puesto.  

Una de las cosas que generan más inseguridad, es “no saber lo que se desconoce”. Esto ocurre en una empresa cuando de repente surge un problema al que nunca te has enfrentado y nadie te ha dicho cómo afrontarlo. Con suerte, si sigues vivo, te lo dirán después y te servirá para el futuro, pero el error ya está ahí.  
 
En una empresa en la que estuve, había pasado más de un año desde mi llegada hasta que me dijeron que existía un almacén ficticio llamado almacén 5, en el que tenía que registrar todas las muestras de producto que tenía. Nunca tuve un manual sobre cómo funcionaba el sistema o cómo debía tratar el stock. Aprendía sobre la marcha, según me tropezaba con incógnitas.  

En mi experiencia, por desgracia, esto me ha pasado mucho. E insisto: los errores cuestan dinero.  

Y según la empresa en la que estés, el desconocimiento tiene un coste mayor. Si trabajas de camarero, y nadie te enseña a hacer una piña colada, o simplemente, no te dicen que hay batidora para hacerla, o dónde está, o cuánto cobrar por ella, pues perderás esa venta. Pensarás que no es demasiado importante, que la empresa no se va a ir a pique por eso, y que posiblemente el cliente se haya pedido otra cosa. Pero pensemos un poco más a lo grande:  

Hace tiempo trabajé llevando una sección en uno de los establecimientos de una gran empresa. A los pocos días de llegar, un compañero me estuvo enseñando a hacer peticiones de producto a otras tiendas; cuando terminamos, otra colega me dijo que a ella no le gustaba hacer eso. Los pedidos llegaban de central y lo que me trasmitió fue que pedir a otras tiendas suponía pedir un favor, molestar a mis homólogos y dar a entender que no hacía una buena gestión de mi stock. Por tanto, dejé esa opción para las emergencias con clientes.  

Cuando ya llevaba casi un año, hubo un problema de abastecimiento sobre un producto en concreto. Mi jefe estaba muy enfadado porque se veían los lineales vacíos. Y no le valía como excusa que todas las tiendas estuviésemos igual. Así que recordé eso que dice “si no sabes, ten a mano el teléfono del que sabe”, y busqué el contacto de alguien de la central que pudiese ayudarme con mi stock. Me dio varios consejos, como opciones excepcionales de pedido directo, y también me dijo: «Pide a otras tiendas. Es posible que todas tengamos poca mercancía, pero a veces algunas tienen más del que necesitan de algún modelo en concreto. Y además les haces un favor porque las liberas de existencias que se les van a quedar antiguas.»  

Así que hablé con proveedores directos para reunir modelos nuevos y conseguí otros, sobrantes de otras tiendas, que ellos no vendían. Por suerte yo tenía una buena ubicación y un buen equipo de vendedoras que podían sacar cualquier producto adelante.  

Al final de ese mes, mi jefe me dio la enhorabuena. Nos habíamos posicionado los 3º, de un ranking de 107 tiendas, en ventas de ese producto en concreto.  

Por desgracia yo no tenía acceso a las cifras, pero ¿cuánto dinero estimas que mi sección había dejado de ganar por no haber conocido antes esa información? Para darte una pista, hablamos de un departamento que podía facturar entre 100 y 200 mil euros al mes.  

Por eso, daros cuenta, que no hace falta cometer un gran error; que se te caiga un palet de producto, que pulses el botón que no debías, que mezcles mal un producto químico, que envíes un email a quien no debías, que se te queme un plato… no hace falta que el error sea claramente cuantificable para perder dinero. Dejar de ganar también es un coste y pocas veces se hacen cálculos de lo que se deja de ingresar.  

No pienses que si un empleado se equivoca lo podemos despedir y ya está. Sus errores son nuestra responsabilidad, y estos nos suponen un coste. Volver a contratar a otra persona y volver a enseñarle es otro coste. Hagámonos responsables para que nuestros empleados sobrevivan a la batalla.  

Así que no subestimes el valor de una buena formación, sobre todo al inicio de la incorporación. Porque además el conocimiento les dará más confianza a tus trabajadores para realizar mejor su trabajo. Se reducirán los errores y aumentará la productividad. Todo son ventajas.  

Taylor Sastre.

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2 comentarios

  1. Vir

    Muchas veces los empresarios no tienen la paciencia de enseñar ni las ganas de formar a su personal, qué gran error!

  2. Carlos

    El dinero invertido en formación, siempre que se aproveche eficazmente , vuelve multiplicado .

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