¿Con qué frecuencia te evalúas? ¿Cuándo ha sido tu último chequeo médico? ¿Lo haces de forma sistemática, o solo cuando algo anda mal? ¿Y tu salud mental o tu estado de ánimo?
Aunque cualquier momento es bueno para profundizar en nuestro bienestar, está claro que, si algo no está yendo como esperamos, es esencial hacer esa evaluación.
Así pues, cuando una empresa no está alcanzando los objetivos que le gustaría, o cuando se producen cambios en el entorno, llega el momento de conocer bien cuál es la situación y establecer o corregir su estrategia.
La estrategia la componen todas las acciones que se planifican para alcanzar un objetivo. Y si tenemos claro cuál es nuestra meta, para trazar un trayecto ya solo nos falta conocer nuestro punto de partida. ¿Puedes distinguir dónde estás?

«Supongamos que uno quiere llegar a un lugar específico del centro de Chicago. Un plano de la ciudad puede ser de gran ayuda. Pero supongamos también que se nos ha dado un mapa equivocado. (…) Se puede entonces trabajar sobre la propia conducta: poner más empeño, ser más diligente, duplicar la velocidad. Pero nuestros esfuerzos sólo lograrán conducirnos más rápido al lugar erróneo.»
Stephen R. Covey – Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva
La estrategia de una empresa nos marca el camino, y debe de reevaluarse si el destino cambia, o si nuestra ruta no nos está llevando a dónde queremos.
Cuando tenemos buena salud y todo marcha según lo previsto no nos preocupamos, pero cuando algo cambia, debemos pararnos para decidir cuál será el siguiente paso.
Y del mismo modo que una compañía define un plan de negocio, nosotros de forma particular podemos crear nuestro plan de vida. Marcarnos unos objetivos, que podrán variar a lo largo de nuestra vida. De hecho, existen momentos clave que nos obligan a realizar un cambio radical en nuestro rumbo.
«A menudo las personas trabajan con gran empeño en una dirección equivocada. Trabajar en la dirección correcta probablemente sea más importante que trabajar con gran empeño.»
Caterina Fake – cofundadora de Flickr.com y Hunch.com
Quedarse sin trabajo, por ejemplo, o decidir buscar uno diferente supone para nosotros una alteración total de nuestro paradigma. Nuestras circunstancias han cambiado, pero sobre todo nuestro destino.
Cuando nos toca actualizar el CV tomamos conciencia de nosotros mismos y de nuestras capacidades. Y de una forma en la que no lo habíamos hecho en mucho tiempo.
Cuando estás en paro empiezas a hacerte preguntas en las que no pensabas mientras trabajabas. ¿Qué se hacer? ¿Cuánto valgo para las empresas? ¿De verdad me gusta lo que hago? ¿Quiero seguir haciendo lo mismo? ¿Cuáles son mis habilidades? ¿Qué debería mejorar?

Para identificar una enfermedad, enumeramos los síntomas para determinar cuál sería el tratamiento adecuado. Así mismo en un negocio, podemos hacer un análisis de situación para definir un plan de acción.
Las herramientas de análisis más populares que utilizan las empresas para definir una estrategia son: el análisis DAFO y el análisis PESTEL (sobre la empresa y su entorno respectivamente). De hecho, son unas herramientas tan útiles que podemos utilizarlas de forma personal.
Veremos, como muestra, cómo el análisis DAFO puede ser una gran herramienta para el autoconocimiento.
DAFO es un acrónimo de las siguientes palabras: Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades. (También se le suele llamar FODA, o SWOT por sus siglas en inglés). Este análisis, pone de manifiesto, de una forma gráfica, nuestros valores diferenciadores y lo que debemos mejorar.
Para completar nuestro DAFO simplemente debemos hacernos varias preguntas sobre nosotros mismos y nuestro entorno. Lo ideal es que seamos lo más imparciales posibles pues a veces se tiende a minimizar las debilidades o a sobrevalorar las fortalezas. En este caso podría ser una buena idea pedir la opinión de alguien que nos conozca bien.
«Leí una vez que la gente que estudia a los demás es sabia y la que se estudia a sí misma es esclarecida.»
Robin Sharma – El monje que vendió su Ferrari
Te muestro cada parte por separado:
Las Debilidades son aquellos aspectos que dificultan el crecimiento de un negocio. En tu caso, identificando tus debilidades sabrás qué conocimientos o habilidades necesitas mejorar para destacar en el mercado laboral. Determina si hay algún recurso importante del que careces. ¿Tienes una red de contactos? ¿Te falta experiencia, formación…? ¿Te gustaría trabajar en ventas o atención al cliente, pero no eres un ser social? Quizás no se te da bien redactar un CV o te pueden los nervios en una entrevista.
«Los problemas tienen solución si los identificas.»
Belén Varela – La rebelión de las moscas
Las Amenazas son factores externos que pueden poner en peligro que alcancemos nuestros objetivos. Algunas dificultades del mercado laboral pueden ser: que tu formación se ha quedado obsoleta, que tu situación geográfica no sea idónea, si existen barreras culturales o discriminación por razones de sexo o edad…
Las Fortalezas de una empresa son todos sus recursos internos que la hacen distinguirse y le otorgan una ventaja competitiva. Tus fortalezas son tus habilidades o competencias destacadas. Comunicación, liderazgo, formación, idiomas… ¿Posees experiencias o logros importantes? ¿Qué opinión tienen otras personas sobre ti y tu forma de trabajar?
«Según un estudio del instituto Gallup, solo una de cada tres personas conoce sus fortalezas. Ayudar a destaparlas debería ser una prioridad de los líderes.»
Belén Varela – La rebelión de las moscas
Y, por último, las Oportunidades son todos los factores ajenos a tu negocio que, aunque no es algo que tú puedas controlar o cambiar, favorecen a tu empresa. Si estás buscando empleo, es posible que haya tendencias del mercado que te favorezcan. Quizás haya sectores que estén demandando tus habilidades. La apertura de nuevos negocios, un nuevo polígono industrial o un centro comercial puede ser una oportunidad para encontrar ese nuevo trabajo que buscas.

Una vez que hayas identificado y anotado todos estos factores, podrás echarles un rápido vistazo, como quien revisa una radiografía.
¡Enhorabuena, este es el inicio de tu travesía!
A menudo un análisis DAFO no se hace de forma individual, sino que puedes elaborar uno de tu principal competencia para hacer una comparación. Es posible que algunas de tus supuestas fortalezas sean irrelevantes, pues otros ya las poseen. Conocer la situación de la competencia puede darte una mejor perspectiva. Como una ‘segunda opinión’.
Y al igual que un chequeo, que se hace imprescindible cuando algo no marcha bien, no está de más hacerse alguno a menudo.
Algunas compañías hacen frecuentemente evaluaciones sobre el rendimiento de sus empleados, por ejemplo. Lo sabrás si te ha tocado alguna vez hacer algún test de actitud, o tu jefe o responsable te ha hecho preguntas sobre tu evolución en la empresa.
«Para cambiar a largo plazo, experimenta inmediatamente.»
Eric Ries – El método LEAN Startup
Pero es inútil que te hagas una revisión médica si no vas a cambiar ningún hábito a pesar de los resultados.
Ten en cuenta que este análisis simplemente pone de manifiesto una realidad, no vale de nada por sí solo si no hacemos algo con ello. La gran utilidad de esta herramienta es ayudarnos a tomar decisiones, a elaborar un plan, crear una estrategia o corregir una existente.

Las conclusiones que tomemos de este análisis son tan importantes como su elaboración. A partir de él debemos escoger nuestro enfoque.
Tú decides si centrarte en potenciar tus fortalezas, mejorar en tus debilidades, afrontar las amenazas o en aprovechar las oportunidades.
Seguro que las grandes corporaciones están muy familiarizadas con el DAFO, pero quizás en tu caso poseas un pequeño establecimiento y no hayas oído hablar de él hasta ahora. Así que este podría ser un buen momento para intentar hacer tu primer análisis de este tipo. Y no solo de tu negocio.
¿Te animas a hacer tu propio DAFO personal?
![]()
