¿Eres el único en tu puesto de trabajo? ¿O hay otra persona en tu misma posición, pero en diferente turno? Si es así, ¡bienvenido a la cohabitación!
Compartir el puesto de trabajo con alguien más es como compartir piso. Si nunca has tenido un “roommate” ahora ya podrás hacerte a la idea, y si has compartido casa en la universidad seguro que entenderás de lo que te hablo.
Compartes espacio con otra persona, y aunque apenas os veis y la charla se reduce a los cinco minutos de cambio de turno (si lo hay), quizás más de una vez has sentido que detestas a ese individuo.
¿Te ha pasado alguna vez que llegas a tu trabajo y hay cosas que no encuentras? Incluso si tienen un sitio definido. Tú las has dejado ahí, pero no están. «Ha sido el individuo» –piensas.
Cuando trabajas solo, al igual que en un piso de soltero, te encuentras las cosas tal cual las dejaste. Si eres ordenado, tu casa estará ordenada; si has salido corriendo, dejando los platos sin fregar, allí estarán esperándote cuando vuelvas. Y, exceptuando al zapatero del cuento, si te vas con el trabajo inacabado, tendrás que terminarlo al día siguiente.

«A la mañana siguiente, encontró dos pares de zapatos sobre la mesa, igual que el día anterior.
¡Y no tardó nada en venderlos!Con el dinero recaudado, el zapatero pudo comprar cuero para hacer cuatro zapatos, pero no le hizo falta trabajar mucho, porque una vez más, los encontró sobre la mesa al día siguiente».
(El zapatero y los duendes – Hermanos Grimm)
¿Y ese follón con un cliente que se ha hecho tan grande? Sabes que habría sido más sencillo solucionarlo si tu compi te hubiese informado antes.
La comunicación con tu compañero es muy importante. Si no disponéis de algunos minutos en el cambio de turno para poneros al corriente con las incidencias, lo recomendable es tener un documento, físico o digital, donde poder intercambiar la información del día. Si no hay diálogo no habrá continuidad en el trabajo y surgirán problemas.
Además, el cliente debe hallar coherencia. La información que recibe de la empresa debe ser siempre la misma, independientemente de quien se encuentre para recibirle. Resulta confuso cuando te diriges al mismo mostrador en horas diferentes y la información que recibes no coincide.
De hecho, puede haber clientes que se aprovechen de esa situación. «Tu compañera esto no me lo cobra» «Pues tu compañero siempre me hace el favor». «Cuando vengo por la mañana me ponen más cantidad» etc.
Si tenemos claras las actuaciones, ningún cliente podrá poner en duda nuestros procedimientos. Si desconfiamos del buen hacer de nuestro homólogo no podremos dirigirnos con seguridad ante una queja.
En una ocasión tuve que lidiar con una clienta que, teniendo al transportista en su casa, se negaba a pagar el montaje de un producto porque decía que nadie le había dicho que tuviera que pagarlo. Yo tenía la seguridad de que, al menos dos personas, ya le habían informado del coste exacto, y se lo hice saber. Ante esto la señora se quedó sin argumentos. Habría sido muy distinta la situación si yo no hubiese tenido la información. La clienta habría percibido mis dudas y se habría amarrado a esa inseguridad para seguir discutiendo.
Esto ocurre también en las familias con mamá y papá. «Papá me deja» «Es que mamá me ha dicho…» Cuando además del puesto de trabajo, compartís la gestión de un equipo, ocurre lo mismo que con los clientes en cuanto a la comunicación. Debe haber coherencia, unidad en el mensaje, claridad en los procedimientos y mucho diálogo.

– ¿Sabéis? Estoy pensando en darle a Emma su primera galleta.
Serie Friends S10 Ep5
– ¿Su primera galleta? Si ella come galletas todo el tiempo.
– Yo no le he dado ninguna. ¿Y tú?
– Noo. Y para que conste, tampoco le he dado nunca nata directamente del bote.
Si tú eres el responsable de esas personas que intercambian posición debes asegurarte de que se cumplan todas las recomendaciones para que vaya todo sobre ruedas. Incluso es posible que te toque a ti definir ciertas tareas que tendrán todos, o cada turno, como a quién le toca fregar los platos.
Cuando un cliente viene a tu negocio es como recibir visita en casa, invitas a esa persona con toda confianza y le dices que se ponga cómoda. Tú acabas de llegar, y aunque en tu cabeza está el mapa de cómo se quedaron las cosas ayer, cuando vas a ofrecerle un café no encuentras la leche. Y tu invitado se va a sentar y ves como sacude unas migas de su silla.
Cuando invitas a gente a tu hogar esperas causar una buena impresión. Con los clientes ocurre lo mismo. Si se van a sentar en una mesa y está pegajosa, no pensarán «será el compañero que no ha hecho bien su parte», te juzgarán a ti.
En la universidad, conocí a alguien que también compartía piso y debido a su situación de convivencia tenía una lista de advertencias para sus invitados: (1) no camines con los pies descalzos por la casa; (2) todo plato o vaso que vayas a usar debe repasarse antes, aunque parezca limpio; (3) no apoyes nunca comida sobre nada que no sea un plato revisado; y (4) si vas a ducharte, es recomendable usar chanclas.
Los clientes son como esa chica especial a la que intentas conquistar y por fin consigues que vaya a tu casa. Y, de verdad, si invitas a una chica y no puede estar descalza en la bañera, no volverá jamás. Y mucho menos pasará la noche.
En tu trabajo, lo ideal es que al llegar a tu turno lo tengas todo listo para recibir a un consumidor de la mejor manera, sobre todo si en tu establecimiento los clientes aparecen por la puerta a primera hora. Al igual que si compartes piso, debes dejar las cosas de forma adecuada para el que venga después. Si te levantas con prisa para ir a clase, no te apetece encontrarte sorpresas en la ducha. Si vas a calentarte tu café por la mañana, es muy desagradable que no haya tazas limpias, o que el techo del microondas esté lleno de salsa de champiñones.

Debes tener presente las necesidades del turno siguiente, y cuáles son las tareas esenciales en tu turno, pues habrá tareas que sólo sea posible realizar en tu horario. Si te toca la parte del cierre no podrás olvidarte de fregar el suelo porque por la mañana será imposible con los clientes allí. Si no rellenas las neveras por la noche, las bebidas no estarán frías por la mañana. Si hay mercancía que debe salir en un camión de reparto a primera hora, deben quedar listos los paquetes en el turno de la tarde. Si has de enviar un email a un cliente para que te confirme un pago, quizás el turno de noche no sea el mejor para hacerlo. Y si a las seis de la mañana llegan veinte personas a hacer reposición de mercancía, será más cómodo si los doce pallets de producto están ya descargados y dentro de la tienda.
Compartir trabajo, como la convivencia, puede ser fácil o muy complicado. Cuando tú y tu compañero sois afines resulta más sencillo. Si tenéis los mismos valores, costumbres y pensáis de forma parecida sobre la convivencia, os entenderéis mejor.
Pero, en definitiva, lo esencial es definir qué tareas deben hacerse en cada momento y por qué. Respeta el trabajo del otro y, ante la duda, deja las cosas como te gustaría encontrarlas.
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