FIFO no es un dibujo animado

FIFO no es un dibujo animado
FIFO no es un dibujo animado

Aunque pueda sonar a personaje de cuento infantil, FIFO no es un dibujo animado, es el nombre de un método de gestión de inventarios. Son las siglas en inglés de «First In, First Out». El primero en entrar es el primero en salir. El concepto es muy simple y aplicarlo debería ser igual de sencillo.  

Para ponerte en situación te mostraré para qué se usa en la teoría y luego lo veremos en la forma en la que aparece en nuestro día a día.  

El método FIFO se utiliza junto con el método LIFO (Last In, Last Out) y el PMP (Precio Medio Ponderado) para valoración de stock, son los tres más comunes.

Si tenemos varias unidades almacenadas del mismo producto, pero éstas no han sido compradas al mismo precio, (bien por la variación del mercado, o por alguna oferta) cuando salgan del almacén para ser vendidas, su precio de coste no será el mismo en cada momento. Y para saber qué precio de coste asignarle usamos alguno de estos tres métodos.  

 
Si quieres profundizar más y ver las diferencias te dejo un ejemplo a continuación:

He adquirido, en diferentes fechas, hasta un total de 300 unidades de producto. No las he comprado todas al mismo precio, pero sí las venderé todas por 50€ la unidad. El precio de coste a tener en cuenta para valorar mi beneficio en cada venta variará según el método que utilice. Lo ilustro en el siguiente cuadro. Pero, como verás al final, el beneficio total de haber vendido todas las unidades será el mismo en todos los casos.

Pero centrémonos en el FIFO que para eso estamos aquí, pues no solo se usa para valorar mercancía. De forma cotidiana se utiliza de manera más natural y sin tantas matemáticas.  

El método FIFO es colocar los yogures que ya tenías en la nevera delante de los que acabas de comprar. El método FIFO es guardar en el congelador la cerveza que han traído tus amigos a la barbacoa y servirles la que ya tenías enfriándose. El método FIFO es comerse primero el plátano más maduro… 

Si entre nuestras tareas está la de llevar la contabilidad de una empresa es seguro que ya estaremos familiarizados con todos estos métodos de valoración de stocks; pero la importancia que yo le doy al método FIFO es para el día a día. 
Aunque pueda sonarte a algo lejano, que solo se utiliza en grandes empresas con grandes almacenes, lo cierto es que, si tienes poca mercancía también es, no solo útil, sino necesario.  

Este es un método para el almacenaje, pero también para la reposición (que es otra forma de almacenaje).

Quizás un camarero no haya oído hablar nunca del tal FIFO ese, y puede que lo esté aplicando o no, sin saberlo, según cómo le hayan enseñado a rellenar las neveras, por ejemplo. Lo que más tendrá en cuenta en este cometido será que cuando saque un refresco esté frío; así que sacará los primeros de la nevera y rellenará desde detrás. Pero ¿qué tan atrás?  

Cuando repone las neveras ¿piensa en el método FIFO? ¿o solo en la temperatura? Quizás crea que con la venta que va a hacer esa tarde no necesita vaciar toda la nevera, o si la reposición se hace justo antes de cerrar, lo más fácil será poner las botellas unas encima de las otras pues ya estarán frías al día siguiente.

El problema está en que, aunque ésta sea muy larga, los refrescos tienen fecha de caducidad. (Te reto a que consigas uno del fondo de la nevera de un bar y compruebes la fecha de consumo preferente y admires su aspecto).  

Y no se trata de vaciar la nevera con cada reposición, si no, ser conscientes de que, quizás esta semana, les toque a las tónicas ser retiradas por completo.   
Para hacerlo más fácil, busca un sistema. Mi truco era poner del revés las de plazo más lejano. Cuando al reponer llegaba al fondo y veía las botellas del revés comprobaba la fecha, si coincidía con la que estaba a punto de poner ya no seguía vaciando.

Ahora pensemos más a lo grande. El método FIFO es algo esencial en tiendas de alimentación. Si somos un reponedor de supermercado tenemos que ser conscientes de la importancia de la rotación de los productos. A diario se tiran alimentos porque se han caducado antes de venderlos.  

En algunas grandes superficies tienen herramientas que detectan cuando algo se caduca. Sin embargo, éstas funcionan partiendo de la premisa de que el reponedor está haciendo bien su trabajo. Te salta una alerta: «Atención, no estás vendiendo este producto. Al ritmo que está saliendo, seguro que tendrás que tirarlo. Ponlo de oferta, cámbialo de sitio…»

En ocasiones, hay una persona que se pasa varias horas de su jornada al mes para revisar estas incidencias, y a menudo para encontrar un producto que ya no puede ser salvado. Al coste de la mercancía se une el coste de personal y el coste de oportunidad por no poder vender ese producto hasta que hagas un pedido nuevo.  

El caso es que la mayoría de las veces los caducados con los que nos encontramos no están en esta lista de incidencias. De repente un día, de un producto con buena rotación y alta reposición, vendemos más de la cuenta y una de las unidades del fondo llega a manos de un cliente. Imagina la repercusión de una imagen viral en una red social de un producto vencido, que menciona a una gran cadena de supermercados. Manchará la imagen de toda la cadena por la mala praxis de un solo empleado.

Así que mira a tu alrededor y piensa si estás utilizando correctamente este método. Mi recomendación es centrarse en los productos que no tienen mucha salida. Esa leche de soja que casi nadie se pide con el café. Ese color de tinte que ya no está de moda. Esos bombones que regaláis a los huéspedes muy exclusivos. O en casa, esas pastillas que sólo te tomas cuando te invitan al barco de tu colega, o esas galletas que tienes guardadas para las visitas… Seguro que se te vienen a la cabeza unos cuantos ejemplos.  

Taylor Sastre.

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